Durante años se creyó que la idea de que los perros “huelen el miedo” era solo un mito popular. Sin embargo, investigaciones científicas recientes han confirmado que los canes sí son capaces de detectar cambios químicos asociados al miedo, el estrés y la ansiedad en los humanos gracias a su extraordinario sentido del olfato.
De acuerdo con especialistas, el olfato de un perro puede ser entre 10.000 y 100.000 veces más sensible que el de una persona. Esa capacidad les permite identificar variaciones mínimas en el sudor y la respiración humana cuando alguien atraviesa estados emocionales intensos.
Uno de los estudios más relevantes fue realizado por la Universidad de Queen’s, en Belfast, y publicado en la revista científica PLOS ONE. Allí, investigadores sometieron a varias personas a pruebas matemáticas bajo presión y luego recolectaron muestras de sudor y aliento. Los perros utilizados en el experimento lograron identificar con una precisión de hasta el 96 % cuáles muestras pertenecían a personas estresadas.
Otra investigación, desarrollada por la Universidad de Tours, en Francia, concluyó que los perros reaccionan de manera distinta dependiendo de la emoción detectada en el olor humano. Cuando perciben señales relacionadas con alegría, suelen mostrarse más sociables y curiosos; mientras que frente al miedo o estrés tienden a buscar refugio cerca de sus dueños o evitar el contacto con desconocidos.
Los expertos aclaran que detectar el miedo no significa necesariamente que un perro se vuelva agresivo. De hecho, la mayoría de estudios apunta a que los animales suelen adoptar comportamientos defensivos o cautelosos antes que violentos. Además del olor, los perros también interpretan el lenguaje corporal, el tono de voz y los movimientos de las personas para reaccionar frente a ellas.
Por eso, especialistas en comportamiento animal recomiendan mantener la calma cuando se está cerca de un perro desconocido. Evitar movimientos bruscos, no correr y no mirarlo fijamente puede ayudar a reducir la tensión del encuentro.
Este tipo de hallazgos también abrió nuevas posibilidades para el entrenamiento de perros de asistencia emocional. Investigadores consideran que, gracias a esta sensibilidad, los canes podrían convertirse en una herramienta clave para detectar crisis de ansiedad, episodios de estrés o alteraciones emocionales en pacientes vulnerables.