La discusión sobre los debates presidenciales volvió a encenderse tras las críticas del candidato Abelardo de la Espriella a su contendor Iván Cepeda, a quien señaló de intentar condicionar el escenario de confrontación política en medio de la campaña.
El pronunciamiento se dio luego de que Cepeda planteara una serie de condiciones para participar en debates, entre ellas la definición previa de temas, la estructuración del formato y la delimitación de los participantes. Para De la Espriella, estas exigencias desdibujan el sentido del ejercicio democrático.
“No quiere un debate, quiere un espectáculo controlado”, afirmó el candidato, quien cuestionó que se busque establecer reglas que, a su juicio, podrían favorecer a un solo aspirante y limitar la espontaneidad del intercambio de ideas.
El señalamiento se suma a la tensión creciente entre sectores políticos frente a la realización de debates en esta contienda, un escenario que tradicionalmente ha servido para contrastar propuestas y posturas entre candidatos.
Desde la otra orilla, las condiciones planteadas han sido interpretadas como un intento por ordenar la discusión y evitar confrontaciones desbordadas, aunque también han generado críticas por la posible exclusión de otros actores políticos.
El cruce de declaraciones deja en evidencia las diferencias sobre cómo deberían desarrollarse los debates en esta campaña, en un contexto donde aún no hay claridad sobre los formatos ni sobre la participación de todos los aspirantes.
Mientras tanto, el tema sigue escalando en la agenda política, marcando uno de los primeros choques directos entre candidatos en el camino hacia las elecciones presidenciales.